China

     China suscita en los occidentales sentimientos paradójicos. Inquietan su expanción demográfica, su sistema político y su desarrollo económico. Al mismo tiempo, su lengua, su historia y su cultura ejercen sobre nosotros una indiscutible fascinación. Esta mezcla de atracción y de repulsión no es ajena a quienes se interesan por la medicina china y conduce a veces a los extranjeros a actitudes intelectuales caricaturesca. Algunos acupuntores llegan a persuadirse de que ya no tenemos nada que aprender de los chinos, de que toda tradición ha sido barrida durante las últimas décadas y que, en definitiva, nosotros conocemos mejor que ellos su propio sistema médico. Para otros, no es posible penetrar en la esencia de la medicina china sin ser chino, como si existiese una especie de predisposición genética insuperable. Estos dos puntos de vista extremos han perjudicado mucho el desarrollo de ese sistema médico en Europa.

     Aunque chinos y occidentales pueden igualmente estudiar esta disciplina, no pueden hacerlo de la misma forma. En China, la enseñanza es larga, estructurada y sitematica. Los programas están unificados y los profesores se hallan muy especializados en su materia. Los alumnos son casi exclusivamente jóvenes totalmente disponibles, pero con una motivación variable y que tienen generalmente, por el mismo hecho de su edad, experiencia humana todavía limitada. Para esos jóvenes chinos, los estudios son prácticamente gratuitos, pero las condiciones materiales suelen ser precarias. Finalmente, y no es un detalle menor, para ellos no existe barrera lingüística, puesto que la mayoría de los textos clásicos y contemporáneos, tanto libros como artículos, han sido publicados exclusivamente en chino.

     En Europa, la enseñanza de la medicina china es en la mayoría de los casos mucho más limitada y variable en cuanto a su contenido. No existe una normalización de los programas que, generalmente, se dejan a la apreciación de los profesores y a menudo formados de una forma más aproximativa. Se encuentran alumnos de todas las edades, la mayoría de ellos motivado, pero poco disponibles, porque los estudios deben pagarse, ya que no existe apoyo de los poderes públicos. Como contraposición, las condiciones materiales y los medios pedagógicos son netamente mejores, con excepción del hecho esencial de que el acceso a las fuentes literarias chinas es imposible para aquellos que no leen esta lengua.

     De todo esto se deduce que los occidentales poseen frecuentemente una reflexión personal, una apertura de espíritu y un sentido crítico más elaborados, pero les falta casi siempre un conocimiento sistemático y perfectamente estructurado de los fundamentos teóricos de la medicina china.
Ahora bien, si falta esta arquitectura básica del pensamiento médico chino, es imposible llevar a cabo un estudio serio y una práctica clínica. Como este saber no puede ser plenamente adquirido a través de la traducción de manuales reeditados por los profesores chinos para los estudiantes chinos, cuanto más conocimiento teórico adquiramos más fácil nos será comprender esta práctica. No es suficiente con comprender el sentido de los conceptos más importantes. Es igualmente necesario conocer las palabras que los designan y su orden, a fin de evitar toda imprecisión dialéctica.
   Una modesta contribución al estudio de la medicina china.

                                                                                                                                             Profesor  ERIC MARIÉ

Publicidad
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase: